EL CABALLO ÁRABE

 

DEJESE  ENCANTAR POR LA MAGIA DEL CABALLO ARABE
QUE POR SU HISTORIA, GRACIA Y VIGOR
ES “TAN ANTIGUO COMO EL TIEMPO
Y TAN AGIL COMO EL VIENTO”
 
Nunca estuvo tan bien empleada la frase, “tan antiguo como el tiempo y tan ágil como el viento” para referirse al caballo de raza árabe, cuyo origen se pierde en la noche del olvido; por ello, se la considera la raza pura más antigua del mundo.A lo largo de las etapas de la humanidad, grandes hombres como Genghis Khan, Taamerlán, Alejandro Magno, Napoleón y Washington, montados en un ejemplar de esta raza, cambiaron el curso de la historia.

De hecho, Napoleón Bonaparte lo calificó como “caballo orgulloso” debido a su belleza, nobleza, perfecta harmonía y gracia de su fisonomía, así como a su agilidad, fuerza, energía y resistencia.

El origen y diseminación de la raza Árabe

Siendo originario de Arabia, el caballo Árabe se ha diseminado en todo el mundo debido a sus excepcionales cualidades de resistencia y capacidad de adaptación a cualquier hábitat. Los Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo, cuentan actualmente con más de 100 mil ejemplares mientras que en el Ecuador, tenemos registrados a más de 850 caballos árabes puro.

Por otra parte, tanto su hermosura como sus cualidades deportivas y de resistencia hacen del caballo árabe el mejorador de raza por excelencia ya que en la actualidad, casi todas las razas domesticadas del mundo tienen un porcentaje de sangre árabe. El ejemplar de carreras pura sangre inglés, por ejemplo, proviene de tres caballos árabes (Byerley Turf, Darley Arabian y Godolfin).

Descripción del caballo Árabe

Un viejo precepto árabe dice que el bello tipo de la raza debe presentar cuatro cosas amplias: la frente, el pecho, la grupa y los miembros; cuatro cosas largas: el cuello, los radios superiores, el vientre y el anca; y cuatro cosas cortas: los riñones, cuartillas, orejas y cola.

El desarrollo del genotipo, el temperamento y otras características son el resultado de selección llevada a cabo durante cientos de años. De hecho, la selección natural en el rústico ambiente del desierto donde solamente los fuertes y sanos sobreviven, jugó un papel importante en el desarrollo de la raza. Sin embargo éste ya no es un factor relevante; hoy en día, las técnicas de cruza y de control genético aplicados por los criadores de la raza, permiten lograr características deseables en el caballo árabe y reducir variaciones del genotipo.

Entre las principales características morfológicas podemos mencionar las siguientes:

1. Cuello y cabeza:

Una de las características más importantes del árabe es su cabeza, de conformación triangular con estructura ósea definida, que le da su aspecto refinado. Tiene una mirada inteligente, con ojos grandes y expresivos. Las orejas son finas, la frente es amplia y prominente, siendo su perfil típicamente cóncavo (jibha). La nariz es pequeña con ollares abiertos. El cuello es arqueado y ligero, sostiene elegantemente la cabeza.

2. Espalda, grupa e inserción de cola

La espalda es corta y fuerte,  con una leve curvatura que le da flexibilidad. Una adecuada relación entre el hombro y la espalda le permite una postura estable. La cola se inserta en la parte superior de la grupa, siendo esta una de sus características más visibles. Las ancas deben ser firmes, amplias y musculadas lo que le provee de gran potencia.

3. Extremidades (aplomos)

El árabe, al pararse, debe dar la sensación de ocupar mucho espacio. Las extremidades deben ser paralelas y rectas.

Los aplomos posteriores deben caer verticalmente en relación con el anca cuando el casco está asentado. Se buscan cascos grandes, limpios y redondos que le proporcione un buen piso

El caballo árabe, moldeado desde el desierto para el Endurance

La leyenda cuenta que un General Ruso recorrió mas de 600 kilómetros en sólo cinco días, en un caballo árabe.  Yeguas también han recorrido más de 250 kilómetros en dos días, lo que demuestra su capacidad.

De hecho, la selección efectuada por los beduinos, el duro desierto, hizo del Pura Sangre Árabe un caballo excepcional, resistente, sobrio, y muy rústico.  Por estas razones, en las competencias de Endurance Ecuestre (carrera de larga distancia) participan principalmente caballos de pura raza árabe.

El caballo árabe es muy rápido y de temperamento vivo y excitable. Morfológicamente tiene una construcción ideal para la resistencia, tórax amplio y atubado, ollares amplios y abiertos, costillas arqueadas patas musculadas, piel muy fina adaptada para la refrigeración rápida, buen ritmo cardíaco lo que hace su pronta recuperación al esfuerzo.

Cuando se contempla en carrera uno de estos ejemplares, se tiene la sensación de que el animal flota en el aire por la elegancia de su galope.

El caballo árabe, un compañero multidisciplinario

Además de ser un caballo especial para el Endurance Ecuestre, cuyos éxitos son reconocidos mundialmente, el Pura Sangre Árabe se destaca también en disciplinas tan diversas como el adiestramiento, el salto, las carreras de corta distancia, el atalaje, así como en las pruebas de Halter donde se premia su belleza.

Por otra parte, es extraordinariamente apropiado para niños y jóvenes. En este sentido, conviene resaltar que en Europa y EEUU las clases de equitación para menores se realizan caballos pequeños, especialmente el Pura Sangre Árabe.

El mito de caballo nervioso viene de que es un animal muy atento a todo lo que lo rodea, por lo que al montarlo va mirando todo lo que le llama la atención. Finalmente,  su extremada inteligencia hace que sea un caballo que no se someta a cualquier cosa mas allá de lo “normal”: no es un esclavo nuestro, es un socio y un compañero.

El caballo árabe en el Ecuador

En el Ecuador, es muy probable que caballos árabes hayan llegado durante la Conquista o en los movimientos que se dieron a raíz de las guerras por la Independencia. Sin embargo, no se mantuvieron como líneas puras y no es sino en la segunda mitad del siglo XX que se empezó a importar caballos registrados. En los años 60, Don Luis de Ascasubi, un aficionado del caballo de paso peruano, importó caballos de pura sangre árabe de línea egipcia, pero luego los cruzó con otras razas sin dejar descendencia de línea pura. En la mitad de los años 70, Pedro José Arteta importó de los EE.UU. a la yegua Monallieta, que es el número 001 del Stud Book ecuatoriano del caballo árabe y, también al padrillo Muzletan, los que fueron los padres de Dafar, primer potro árabe nacido y registrado en el Ecuador. Bartak, de línea polaca y de propiedad de Manuel Durini y Abaco, de línea española y de propiedad de Manuel Kakabadse, fueron otros padrillos importados que marcaron a la primera generación de caballos árabes nacidos en el país.